Personas Tóxicas…

Todos en algún momento de nuestra vida hemos sufrido, o seguimos sufriendo, las consecuencias de tener cerca a una persona tóxica. Podríamos definirla como una especie de chupóptero que absorbe toda o la poca energía positiva que en un momento dado podemos tener.

Y es curioso porque normalmente aparecen en nuestra vida cuando mejor estamos, y poco a poco casi sin darnos cuenta, nos vamos contaminando de ese aura de energía negativa de la que quieren desprenderse a toda costa, aún con el coste que supone joder a la persona en la que confían, es decir, tú.

Generalmente hablamos de amistades egocéntricas, las cuales son el ombligo del mundo y sus problemas merecen todo el reconocimiento aunque se trate de una uña rota, o una quemadura con la plancha, y sí, lo aguantamos; pero existen como bien sabemos parjas tóxicas también e incluso familiares tóxicos.

Lidiamos con ello porque quizá es una persona con la que tienes feeling, con la que congenias, con la que te echas unas risas de cualquier bobada, hasta que llega el temido momento: el chupóptero enseña los colmillos y zas! la mordidita.

Empieza el proceso de absorción de energía, y es lento (bueno, esto va en función de la persona). En mi caso es lento, tengo bastante aguante. Sí, yo he sido víctima de persona tóxica, muuuuuy tóxica.

Y son continuas las llamadas de atención, los problemas que no lo son, los celos, miradas que cazas al instante, habladurías por detrás que te llegan y prefieres no dar importancia, se quejan de todo, se hacen la víctima, son envidiosas, no hacen nada para avanzar ni te dejan avanzar a ti, son negativas y se dedican a criticar siempre de forma negativa… y aún así, tu sigues ahí, porque eres una persona paciente y sigues creyendo que la relación es de todo menos tóxica.

Al final esos problemas pasan a ser parte de tu vida, como si fueran tuyos y ¿qué consigues con ello? confluir (ERROR!!!!!!!!), por tanto hundirte en la miseria. A todas esas personas tóxicas os diré: todos tenemos problemas y no vamos hundiendo en la miseria a los demás.

Lo peor de todo es que todos podemos llegar a ser personas tóxicas y en nuestra mano está el no serlo.

Así que confieso: yo he sufrido a una persona tóxica por LERDA, y quizás yo sea persona tóxica para alguien porque al fin y al cabo, esto es el ciclo de la vida y reconozco que como en honor a mi nombre soy un poco cactus, me quejo por todo y entiendo que pueda cansar y agotar, absorbiendo quizás energía de los demás.

 

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